VULNERABILIDAD DE LA MUJER AL VIH (SEGUNDA PARTE)

 

¿Cómo puede hacer daño la cultura?
En diferentes partes del mundo existen prácticas y tradiciones culturales que contribuyen al aumento del riesgo de contraer el VIH/SIDA, sobre todo entre los jóvenes, y principalmente entre las mujeres. En muchas sociedades se espera de la mujer que debe subordinar sus intereses a los de su compañero. Con esas expectativas, las jóvenes suelen sentirse incapaces para protegerse de embarazos y de ITS.


A menudo las adolescentes son victimas de abuso y coerción sexual, como en Kenia, donde 40% de las estudiantes de secundaria dijeron haber sido forzadas u obligadas bajo engaño a tener relaciones sexuales. La violencia basada en el género está estrechamente ligada a la infección por VIH.

En numerosas culturas el valor adjudicado al hecho de tener hijos conduce al matrimonio precoz y a la procreación temprana. Así, es común el inicio de la actividad sexual en niñas de 10 años de edad, con hombres generalmente mayores, con la finalidad de establecer nexos entre familias y asegurarse económicamente.

En ciertos países se practica la poligamia, lo que incrementa el riesgo de ITS, entre ellas del VIH. En algunos es común dejar a la mujer como parte de la herencia al hermano sobreviviente, con lo cual aumente el riesgo de transmisión de la enfermedad para ambos.

Algunos ritos culturales pueden incrementar el riesgo de la infección, como es el caso de la circuncisión tradicional masculina o femenina, cuando es realizada usando material infectado. Ciertos investigadores piensan que el procedimiento en el hombre, con material y en condiciones adecuadas reduce el riesgo al disminuir la porción del prepucio especialmente vulnerable al germen, mientras que en la mujer la hace más susceptible de desgarros o heridas cóitales.

Ciertas prácticas sexuales, como el coito seco (inserción de objetos extraños para secar la vagina o estrecharla), pueden aumentar su fragilidad y facilitar las heridas a través de las cuales puede penetrar el VIH. Otras prácticas,  como la prueba de virginidad,  puede adjudicar tan alto valor a la castidad de la mujer, que la no casada, para evitar riesgos futuros, practican el coito anal, lo cual aumenta en forma ostensible la posibilidad de infectarse.

Repercusiones de la mayor vulnerabilidad de la mujer al VIH.
Por el hecho que las mujeres sean sexual, económica, social y biológicamente más vulnerables al VIH/SIDA, muchas veces han sido estigmatizadas y acusadas de ser la “causa” de la infección del SIDA y otras ITS.

Es frecuente que se les acuse de ser los “reservorios” o “vectores de la transmisión” de la enfermedad hacia sus compañeros e hijos.

Muchos suponen que una mujer infectada se debe, siempre, a promiscuidad o prostitución, tachándola de “mala mujer”, razón por lo cual se les ha negado empleo o han sido despedidas del que tenían; han sido expulsadas de sus hogares, abandonadas por sus maridos y se les ha privado de la custodia de sus hijos.

Con frecuencia se les presiona para que eviten el embarazo o para que se esterilicen, o, si estuviesen embarazadas, para que aborten.

Finalmente, las mujeres son las principales receptoras de transfusiones de sangre y hemoderivados (en casos de anemia o de complicaciones obstétricas), razón por la cual, hasta tener hijos las coloca a riesgo de adquirir el VIH.

Por José López Mora
Médico Gineco-Obstetra.

Bibliografía

  1. 1-Asesoramiento y pruebas voluntarias de VIH para mujeres embarazadas en países con una alta prevalencia del VIH. ONUSIDA, marzo de 2000.

  2. 2- Suárez JA, Naranjo L. Transmisión Vertical del VIH / SIDA. VITAE, Academia Biomédica Digital.

  3. Selwyn PA, Schoenbaum EE, Davenny K et al. Prospective study of human immunodeficiency virus infection and pregnancy outcomes in intravenous drug users. JAMA 1989; 261: 1289-1294

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  5. D´Ubaldo C, Pezzotti P, Rezza G, et al. Association between HIV-1 infection and miscarriage; a retrospective study. AIDS. 1998; 12:1087-1093

  6. Minkoff H. The relationship of pregnancy to HIV disease. Immunology and Allergy Clinics of North America 18:329-344, 1998

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