Una persona vulnerable es aquella que carece de poder o control sobre su propio riesgo de infectarse por el VIH
Muchos son los factores que hacen a la mujer ser más vulnerable que el hombre frente a la infección por VIH, a pesar de los esfuerzos que siguen haciendo para alcanzar una situación de igualdad.
Entre estos factores tenemos:
Vulnerabilidad biológica.
Investigaciones han demostrado que riesgo de infectarse por VIH durante una relación sexual vaginal no protegida es de 2 a 4 veces mayor para la mujer que para el hombre. Igualmente es también más vulnerable a contraer cualquier otra infección de transmisión sexual (ITS).
En comparación con el hombre, durante el coito, la mujer tiene una mayor superficie de mucosa expuesta a las secreciones sexuales de su pareja. Además el semen infectado por VIH contiene normalmente una concentración mas alta de virus que la contenida en la secreciones sexuales de la mujer, todo lo cual hace mas eficiente la transmisión del hombre a la mujer que en sentido inverso.
El cuello uterino de las mujeres mas jóvenes, aun fisiológicamente inmaduro y con escasas secreciones vaginales, oponen un menor obstáculo al paso del virus. Igualmente, al parecer, sucede después de la menopausia.
En todo el mundo la mujer corre un riesgo similar al hombre con el coito anal no protegido. Los desgarre y hemorragias durante la relación sexual, debidas al coito brutal o a una mutilación previa (“circuncisión”), multiplica los riesgos.
Una ITS sin tratar, en cualquier miembro de la pareja, aumenta el riesgo de transmisión del VIH hasta 10 veces.
A pesar de lo expuesto anteriormente, existen también factores que actúan como “protectores” contra la transmisión sexual del VIH-1, como son: la preexposición al VIH-2, vinculado con el virus de inmunodeficiencia en simios (VIS), habiéndose encontrado datos epidemiológicos en trabajadoras sexuales africanas infectadas por éste en las cuales existía protección ala infección por el virus, aun cuando no de otras ITS; la mutación Δ32 CCR5 y la actividad potente de CTL en mucosas.
Vulnerabilidad social y económica
La historia de las mujeres en la lucha por conquistar el derecho a una vida libre de violencia ha sido larga y, desde Olympe de Gouges en 1791, quien durante la Revolución Francesa abogó por la mujer, hasta la Declaración de Viena en 1993, los esfuerzos se han multiplicado. Prueba de ello son la conmemoración en 1999 del 20ª Aniversario de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de Discriminación contra la mujer (CEDA W) y la aprobación en casi todos los países del mundo de legislaciones favorables a las mujeres que se han convertido en un importante instrumento para la acción.
El hecho de tener una mayor vulnerabilidad biológica no significa que no pueda y deba protegerse a la mujer. Experiencias de los últimos años han demostrado que se puede ayudar tanto al hombre como a la mujer a evitar la infección por el VIH.
En muchas sociedades existe una diferencia notable de poder entre la mujer y el hombre, sustentada esta por sistemas sociales y culturales que confieren al hombre una posición dominante.
La educación, como anotábamos anteriormente; la concientización de los riesgos; el análisis sistemático de la sangre a transfundirse; la clara información sobre las vías de propagación; los mensajes de prevención insistiendo en la abstinencia, la fidelidad y las practicas sexuales mas seguras; la promoción del uso de preservativos; los programas para evitar el intercambio de agujas e inyectadoras entre toxicómanos endovenosos, y el estimulo para que se recabe asistencia inmediata en caso de ITS, son factores que disminuyen la vulnerabilidad femenina.
El hecho de no respetar los derechos humanos de las muchachas y de las mujeres en cuanto al exceso, en igualdad de condiciones, a las oportunidades de estudio, formación y empleo, refuerza su dependencia económica del hombre, el cual puede ser una persona mayor (como sucede en muchos casos), con mayor experiencia, compromisos y vicios, quienes por, haber iniciado su actividad sexual antes, han estado mas expuestos a la infección, o bien estimula entre ellas la promiscuidad y la prostitución. De hecho, el sexo en muchas culturas viene a ser la “moneda” con la que las muchachas pagan por acceder a las oportunidades de la vida, desde la aprobación de un examen en la escuela hasta un permiso comercial o una vista para poder cruzar una frontera.
Igualmente, la mujer es más vulnerable a las relaciones sexuales impuestas bajo coacción, en particular la violación y otras formas de abuso sexual, dentro y fuera de la familia, y al trabajo sexual forzado. Toda relación sexual sin consentimiento conlleva un mayor riesgo de transmisión del VIH y de otras ITS, debido a que en general el violador no usa preservativos.
Por José López Mora
Médico Gineco-Obstetra.
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